<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" version="2.0"><channel><atom:link rel="hub" href="http://tumblr.superfeedr.com/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"/><description>Textos publicados por ahí que no quiero que se me pierdan</description><title>David Álvarez</title><generator>Tumblr (3.0; @davidalvarezcc)</generator><link>http://davidalvarez.cc/</link><item><title>Guardiola, Mourinho y el vacío futuro</title><description>&lt;p&gt;Las diferencias en el trazo ocultan a menudo las numerosas coincidencias entre Mourinho y Guardiola. En particular, resultan prácticamente iguales en su ajustada conciencia del vacío que dejarán algún día. También en el manejo de esa nostalgia futura, aunque con diferencias estilísticas. Pero ambos han descifrado con idéntica exactitud la fuerza de ese vacío. Cual depositarios de los secretos del principio de Arquímedes, aquello del cuerpo sumergido que, precisamente por estarlo, recibe una fuerza hacia arriba igual al peso del volumen del fluido desalojado. El calibre del hueco que se ocupa define la intensidad de esa fuerza que se construye al ocuparlo. El espacio que habitan Mourinho y Guardiola en sus equipos explica el poder que tiene evocar su futura ausencia. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo han hecho ellos mismos. El portugués, después de una tarde que le pitaron en el Bernabéu, deslizó: «Puede que un día se queden tristes ellos». También Guardiola, que este año de perseguir al Madrid en la Liga retrasa más que otros el anuncio de su renovación: «Prefiero tomarme un poco más de tiempo. Si lo respetan, bien; si no, mala suerte».&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Conocen bien la fuerza de algo que funciona hace mucho en las gradas. El viernes, San Siro, desesperado con el 0-3 ante el Bolonia, invocó el rastro del portugués: «Mourinho, Mourinho…». Era el lamento por un hueco no tapado desde su marcha al Real Madrid. Al día siguiente, el estribillo se repitió en un Chelsea-Birmingham (1-1). La grada visitante, afición de Segunda  feliz de aguar la Copa al poderoso, les señalaba con saña el agujero, con el sádico deleite de quien hurga en una herida abierta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Precisamente para esas gradas diseñan sus estrategias de tráfico de afectos los entrenadores del Madrid y del Barcelona. Tan parecidos, pese a todo, en su manejos de la nostalgia futura. Tan conscientes del poder que produce el gigantesco espacio que han logrado ocupar cada uno en su rincón.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC &lt;/a&gt;el 20/2/2012&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/17949379084</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/17949379084</guid><pubDate>Mon, 20 Feb 2012 17:03:00 +0100</pubDate><category>fútbol</category><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>La broma española de los guiñoles</title><description>&lt;p&gt;Resulta evidente que si algo demuestra el caso de las protestas gubernamentales, olímpicas y federativas por los guiñoles es la asombrosa ausencia de sentido del humor de los franceses. De otro modo no se entiende. Andan estos días enfurruñados por las simpáticas arremetidas de algunos ministros. Como si fuera en serio. Sin embargo, la no intervención de Gaspar Llamazares en el jaleo demuestra lo contrario sin resquicios para la duda.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;España tiene en Llamazares a su mayor autoridad en esos delicados lugares en los que se arriman realidad y ficción, con experiencia demostrada en el manejo de dos de sus principales intersecciones: el humor (específicamente el de los guiñoles) y el retrato robot (acaso un subgénero de lo primero). Y desde su experiencia, esto de los guiñoles franceses lo ha dejado pasar. Aunque, como recordarán, no siempre fue así. Hubo un momento, hace casi ya diez años, en el que sí vio imprescindible su lamento público. Llegaron los guiñoles a España y a él no le hicieron muñeco, así que se quejó con insistencia hasta que se vio traducido a látex.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;También encontró necesario ser contundente cuando el FBI utilizó su fotografía para componer un retrato robot de Bin Laden. Amenazó con una demanda por aquel uso de su imagen para construir otra realidad. La cosa, evidentemente, era grave: «No creo en las casualidades, y menos de los servicios secretos americanos», explicó.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Con estos antecedentes, resulta aún más extraña la incomodidad francesa por los comentarios de algunos ministros españoles. Ni siquiera pueden escudarse en el desconocimiento del experto Llamazares: «Le Figaro» le hizo hueco entonces en su portada al episodio del dibujante conspirador del FBI. Pero esta vez Llamazares se ha mantenido al margen, lo que únicamente puede indicar que los políticos españoles sólo están siguiéndole la broma a los guiñoles.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC &lt;/a&gt;el 13/2/2012&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/17550722586</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/17550722586</guid><pubDate>Mon, 13 Feb 2012 15:02:06 +0100</pubDate><category>guiñoles</category><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>Los niños quieren ser bancarios</title><description>&lt;p&gt;&lt;p class="p"&gt;La mayor montaña que podría dinamitar Pablo Infante el martes en San Mamés no es la de lo imposible que parece que un equipo de Segunda B, como su Mirandés, llegue a jugar la final de la Copa del Rey, algo nunca antes visto en España. Se trata de algo de corte más sentimental. Como lo que empuja a que cientos de miles de personas que desconocían la existencia del Mirandés se hayan emocionado cada noche que eliminaban a un equipo de Primera, e incluso temblaba con las arremetidas de últimos minutos en las que remontaba, o parecía remontar, algunos de esos partidos. Sueños de fútbol de quienes juiciosamente los abandonaron a tiempo, pero que pueden desempolvarlos sin riesgo en las noches de Copa. Cualquier empleado de banca podría haber jugado una semifinal contra el Athletic, si hubiera querido. Eso han pensado muchos. Aunque cualquiera no puede ser ya empleado de banca. O empleado.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;He ahí el verdadero giro provocado por Pablo Infante, con quien muchos han igualado estos días el regate y el disparo de larga distancia que recuerdan que lucían en el patio de su colegio. Eso es lo que se solía soñar: uno mismo sobre la hierba de Anduva, tirando amagos, marcando goles. Con la cabeza rapada y el brazalete de capitán. Con el miedo derramado sobre los ojos de los gigantes de enfrente. Hasta que se conoció uno de los elementos de su grandeza, esos madrugones para abrir la sucursal de Cajacírculo de Quincoces de Yuso. Una grandeza en el momento equivocado.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Porque la realidad, con sus subprimes, ha dado una vuelta perversa, de tal forma que ahora parece más al alcance jugar una final de la Copa del Rey que llevar en el bolsillo las llaves para abrir una sucursal bancaria a las ocho de la mañana. Por no decir una caja. Muchos desean aún ser Infante, como siempre, pero en el reverso de esa gloria de salir a hombros. El que duerme en el pupitre sobre el que sellan las pólizas. También sueño de fútbol.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC &lt;/a&gt;el 6/2/2012&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/17150045865</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/17150045865</guid><pubDate>Mon, 06 Feb 2012 12:38:00 +0100</pubDate><category>fútbol</category><category>Mirandés</category><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>El tipo que consiguió unas sillas</title><description>&lt;p&gt;Tal vez el gesto más extraordinario de la épica final australiana de Nadal y Djokovic fue el de quien, terminado el partido, pensó que resultaba más urgente acercarles unas sillas que entregarles los trofeos. El primero en despertar del encantamiento de un prodigio límite. Mientras, a la una y media de la madrugada, recitaban sus líneas los discurseadores que habían pagado algo de aquel circo, incluso a sus derrengadas fieras. Los demás contemplábamos a esos héroes deshechos, sus restos también son parte del espectáculo. Entonces a alguien se le ocurrió que tal vez necesitaran una silla. La primera cortesía con el invitado a casa: acércale algo para que se siente. Como si Nadal y Djokovic también fueran normales.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, embobados por un intenso asombro de casi seis horas, olvidamos que también estos tenistas son tipos que necesitan sentarse cuando están cansados. Y que cuando se sientan, tan exprimidos, les va bien beber. Pero quizá el mirar deja sentimentalmente agotado, porque tuvo que ser Djokovic quien acercara una botella a Nadal cuando ya habían conseguido asientos. Y ese cansancio emocional, ese embobamiento, empequeñece de alguna forma la extenuante hazaña que se desplegó ayer en la otra punta del globo. Olvidamos las sillas, y en ese olvido, que en cierto grado, no menor, son normales, y que, si se mantiene a la vista esa normalidad, esas sillas, lo que acababan de hacer sobre la pista Rod Laver resultaba todavía más asombroso. Alcanzado por tipos que alguna vez no pueden más.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De ahí lo extraordinario del gesto de retirarle los asientos a dos recogepelotas para acercarlos hasta la red. De ahí lo admirable del tipo que pensó en hacerlo, quizá el único en reconocer en toda su dimensión el prodigio de dos tipos normales empujándose a raquetazos hacia un límite doloroso hasta lo histórico. Un tipo tan hospitalario como perspicaz.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC&lt;/a&gt; el 30/01/2012&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/16786684120</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/16786684120</guid><pubDate>Tue, 31 Jan 2012 00:57:28 +0100</pubDate><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>El fútbol enredado en palabras</title><description>&lt;p&gt;&lt;p class="p"&gt;La palabra ha hecho a veces cosas asombrosas con el fútbol, siempre dispuesto a proporcionarle jugosos pretextos. Ha sido el lado luminoso de las letras, acostumbradas en otros ámbitos, como la economía de mal pronóstico, a funcionar como oscuras humaredas. Agotadas de la crisis, las palabras extienden estos días su emborramiento al fútbol, y en concreto al intenso serial de los Madrid-Barcelona. Tanto, que añora uno esas escenas que trae cualquier viajero que regresa de lejos, asombrado con posaderos madridistas y taxistas del Barça. Se trata de cierta nostalgia del fútbol sin alrededores. De lugares en los que del juego lo que se emite son los partidos. Al imaginarlo, puede también pensarse en el desdichado don de los afásicos.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;En uno de los episodios que relata Oliver Sacks en «El hombre que confundió a su mujer con un sombrero», un grupo de pacientes se carcajea mientras ve por televisión un discurso del presidente. Sucede en el pabellón de afasia, la zona de su hospital de los pacientes incapaces de entender las palabras en cuanto que tales. Estas personas descifran gestos, entonaciones, miradas, maneras de plantarse. Como un viejo detective. Como un vendedor del zoco de Marraquech, que quizá entre hoy y el miércoles sueñe con que el Madrid pueda darle en el Camp Nou la vuelta a la eliminatoria de Copa. O el maitre del restaurante de Beirut, que amanezca pasado mañana con el ahogo inesperado de haber visto con toda claridad, mientras dormía, cuatro goles de Benzema. Afásicos por geografía, seguros de la incertidumbre, pendientes del fútbol. Afortunados sin las palabras de estos días.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Como los pacientes de Sacks: «Reaccionaban ante aquellas incorrecciones e incongruencias tan notorias, tan grotescas incluso, porque no los engañaban ni podían engañarlos las palabras. Por eso se reían tanto del discurso del presidente».&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC&lt;/a&gt; el 23/01/2012&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/16787137036</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/16787137036</guid><pubDate>Tue, 24 Jan 2012 01:04:00 +0100</pubDate><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>Historias de fútbol con olor a niñez</title><description>&lt;p&gt;&lt;p class="p"&gt;Pasando el otro día las páginas de la «Historia del Real Madrid contada por ABC», regresé a mi habitación de los veranos en casa de mis abuelos maternos. Allí, antes de dormir, pasaba las páginas de otro coleccionable de ABC sobre el Real Madrid que mi abuelo Luis había completado y encuadernado.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Eran los ochenta, un tiempo fascinante para un niño; esos años en los que el Bernabéu aseguraba imposibles remontadas. Algunas las tenía grabadas mi abuelo, y de tarde en tarde las veíamos juntos. Después, por las noches, con alguna de aquellas jugadas aún revoloteando en la cabeza, yo leía ya en la cama cuentos sobre Zamora, Di Stéfano, Gento, Puskas, las seis Copas de Europa. Y sobre la final de la Copa del Rey de 1980, que se disputaron el Real Madrid y el Castilla, algo que entonces, acostumbrado a las remontadas europeas y otras leyendas, no me pareció tan asombroso.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;De algún modo, a través de aquellas historias del coleccionable y de aquellos partidos grabados, el fútbol me produjo la primera fascinación. Con Butragueño, Míchel, Hugo Sánchez, Martín Vázquez. De mi abuelo Luis, con quien aún comento algún partido por teléfono, me queda el fútbol, del mismo modo que del otro, Eloy, conservo una Underwood portátil de teclado de tres filas fabricada en 1924, y tal vez la escritura.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Luego, por supuesto, han venido otras fascinaciones futbolísticas, pero ninguna alcanza la misma intensidad que las de un niño. De ahí esa especie de sobresalto del otro día al abrir la «Historia del Real Madrid contada por ABC» que empieza estos días su marcha con este diario, al verme de nuevo en aquella habitación al fondo del pasillo que ocupaba durante los veranos. De vuelta en casa de mis abuelos, que son la infancia, un lugar al que el fútbol y sus historias, como pocas cosas, permiten aún regresar de cuando en cuando.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC&lt;/a&gt; el 9/01/2011&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/16787852662</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/16787852662</guid><pubDate>Tue, 10 Jan 2012 01:15:00 +0100</pubDate><category>fútbol</category><category>Real Madrid</category><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>Nadal, el escapismo y el desaliento</title><description>&lt;p&gt;&lt;p class="p"&gt;La fascinación con la que contemplamos a Rafa Nadal se parece mucho a esa otra con la que acudían las multitudes a comprobar si Harry Houdini, esposado, encadenado, se mataba sumergido boca abajo en un tonel de agua. O en cualquier otro de sus artefactos. Aunque en realidad sabían que terminaría escapando en el último instante.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Pese a lo que casi siempre se ha creído, la maestría de Houdini no estaba en los imposibles planes de fuga desarrollados bajo amenaza de muerte, sino en la ideación y construcción de las presuntas trampas. Con ellas lograba provocar en el público el escalofrío real de lo inevitable y el alivio final de la salvación, igual de intensos ambos pese a que eran perfectamente esperados.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;El parecido de Nadal y Houdini se localiza exactamente en ese escalofrío de lo que inevitablemente va a acabar mal. En ese instante, ambos comparten el buen pronóstico, porque nos hemos acostumbrado a que también el tenista termine escurriéndose en el último instante. Como ayer sobre la tierra de La Cartuja contra el argentino Juan Martín Del Potro, cuando cerró el primer set perdiendo 6-1.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Entonces parecía ya aplastado por un tenista con apariencia de gigantón de circo: dos metros de estatura, casi cien kilos, pies enormes. Pero incluso entonces «sabíamos» que sólo era necesario esperar para descubrir por dónde iba a escabullirse del gigante. Como Houdini del tonel de agua.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Sin embargo, la grandeza de Nadal se apoya precisamente en lo que le distingue de Houdini. Él no interviene en la fabricación de las trampas, que en su caso son reales. De ahí que le hayamos visto este año derrotado ante Djokovic mientras, hasta el último instante, seguíamos esperando el alivio de su genialidad. De ahí, en fin, su esencia inigualable, buscando como nadie hasta el final el modo de escapar a lo inevitable, eternamente ajeno al desaliento.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC&lt;/a&gt; el 5/12/2011&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/16787577332</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/16787577332</guid><pubDate>Tue, 06 Dec 2011 01:11:00 +0100</pubDate><category>Nadal</category><category>tenis</category><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>Los nuevos peregrinos del maratón</title><description>&lt;p&gt;&lt;p class="p"&gt;Los maratones como modernas peregrinaciones. En las listas de cosas que hacer antes del fin, los 42 kilómetros de Nueva York de ayer (o de Boston, Berlín…) ocupan la línea antes destinada al camino de Santiago. La búsqueda del extremo a lo largo de la ruta, en la fatiga. La emoción intensa, la euforia del corredor. Las pequeñas historias.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;En 2009, Derartu Tulu, etíope, 37 años, madre de dos hijos, marchaba en el grupo de cabeza por Nueva York. Al cruzar el último puente y entrar en Manhattan, Paula Radcliffe, 35 años, un hijo, récord del mundo de la distancia, empezó a descolgarse por una tendinits. Tulu se giró: «Venga. Podemos hacerlo», le dijo. La británica aguantó un poco, pero enseguida volvió a rendirse. Tulu la esperó. Corrieron juntas un tramo, hasta que la etíope vio que Radcliffe no podría recuperarse. Entonces aceleró, alcanzó la cabeza, ganó la prueba, y después explicó: «La había batido en cross y en la pista, pero en el maratón ni siquiera había logrado correr con ella demasiada distancia. Ha sido una desilusión que no pudiera correr bien».&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;En 2010, Gebremariam, etíope, 26 años, corría también en cabeza en Nueva York, al lado de Gebrselassie, 37 años, la leyenda cuyas hazañas había estudiado en la escuela. La leyenda abandonó por una dolencia en la rodilla, pero antes de hacerse a un lado, le dijo al joven: «Tienes que moverte. Tienes que alcanzarlos [a los primeros]». Gebremariam terminó imponiéndose en Central Park.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Historias así también las cuentan los menos notables que viajan a correr siguiendo su lista de cosas pendientes. En eso los maratonianos son como los peregrinos. Y también en ese transcurrir de lo extraordinario por entre la vida. Los 42 kilómetros que atraviesan ciudades atolondradas. El camino de Santiago por minúsculos pueblos perplejos del sur de Europa.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC &lt;/a&gt;el 7/11/2011&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/16835632162</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/16835632162</guid><pubDate>Tue, 08 Nov 2011 22:44:00 +0100</pubDate><category>maratón</category><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>El Levante y el final del asombro</title><description>&lt;p&gt;&lt;p class="p"&gt;Estos días recién terminados de vuelo en cabeza del Levante se han soportado en muchos rincones con una mezcla de fascinación y fastidio. Lo insólito y sus incomodidades. Como si se estuviera haciendo larga la espera para que nos echara encima «la Liga de mierda» pronosticada por Del Nido después de los primeros 90 minutos.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;El asombro presenta ciertas dificultades en su manejo. Llegó un momento en que la sorpresa se volvió cansina. Sólo así se explica que hace un par de días el asombro se viera dirigido a otro asombrado. El asombro del asombro. Se ve que un periodista del New York Times, Jake Appleman, había ido a Valencia a preparar un reportaje sobre ese equipo de presupuesto diminuto que se empeñaba en escribir su nombre en las clasificaciones por encima de los del Real Madrid y el Barcelona. «La Liga de mierda» no terminaba de llegar, y hasta el New York Times había empezado a impacientarse.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;La sorpresa por la sorpresa de Appleman continuó con la lógica propia de estos casos. «¿Qué ha venido a hacer usted aquí?», preguntaron a Appleman, que debió de sentirse como H.M. Stanley, el periodista galés a quien el New York Herald envió a África a buscar al desaparecido doctor Livingstone. Las agencias de noticias, y enseguida muchos medios, rebotaron las nada extraordinarias respuestas de Appleman: «Me sorprendió que con tan sólo 12.000 aficionados en el campo puedan estar por delante de equipos como Real Madrid y Barcelona». Una sorpresa normal. De andar por casa, vamos. Pero diseminada por todas las casas.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Así que sorprendidos de que vinieran a sorprenderse de fuera hincó la rodilla el Levante sobre la hierba del Reyno de Navarra y ya parece que tenemos encima la Liga Del Nido. Echaremos de menos las tablas que abría el Levante, ese sueño suyo de honor y coraje.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC &lt;/a&gt;el 31/10/2011&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/16836339547</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/16836339547</guid><pubDate>Tue, 01 Nov 2011 22:56:00 +0100</pubDate><category>fútbol</category><category>Levante</category><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>Simoncelli y la distancia al dolor</title><description>&lt;p&gt;&lt;p class="p"&gt;Cuando el pasado mayo el ciclista belga Wouter Weylandt murió en el descenso del Passo del Bocco, a 25 kilómetros de la meta de la tercera etapa del Giro, el periodista y ex ciclista Ander Izagirre escribió en ABC: «El ciclismo fascina porque la batalla es inventada pero el dolor es real».&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Marco Simoncelli se aplicó siempre de manera extrema a esa batalla. Tanto que varios de los pilotos con los que se batía le advirtieron de que en su intenso coqueteo con el límite estaba a punto de hacerles atravesar con él del lado fingido al del dolor. La distancia entre ambos lados es casi imperceptible. El roce del pedal izquierdo de Weylandt contra un muro, en mayo. Unos neumáticos demasiado fríos para la velocidad de una curva, ayer. Nada que ver con lo que le reprochaban los que temían verse arrastrados. Las peleas que trataban de esquivar.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Ayer, pocas horas después de la muerte de Simoncelli, Álvaro Bautista, que en el instante de la caída circulaba justo detrás de él, hablaba como si en realidad lo hubiera visto todo a cientos de kilómetros de allí. Contaba que después de la carrera no había querido detenerse demasiado en la muerte repetida en los televisores. Como quien esquiva charcos en la primera tarde del otoño. La molestia de los calcetines empapados.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Aunque él no mencionó el miedo. Hablaba de las carreras, y de la muerte: «Es nuestra vida», decía como resignado a un destino o algo así. Aunque enseguida la resignación pareció recordar que no estaba a cientos de kilómetros, sino pegada a la rueda de Simoncelli. «Pero no somos cuatro amigos que venimos a correr. Nos jugamos la vida». De ahí, de ese darse cuenta de manera repentina, de ahí quizá vinieran sus regates al dolor de la rueda que le precedía, que puede llegar incluso sin batalla.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Ante Simoncelli, es la distancia la fingida. El dolor duele real.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC &lt;/a&gt;el 24/10/2011&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/16836198367</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/16836198367</guid><pubDate>Tue, 25 Oct 2011 22:54:00 +0200</pubDate><category>Simoncelli</category><category>motos</category><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>Messi y el brillo de lo previsible</title><description>&lt;p&gt;&lt;p class="p"&gt;Hay un par de metros cuadrados en el área del gol sur del Camp Nou sobre los que &lt;span class="span" id="U1501946910932KCE"&gt;Messi está levantando un prodigio aparentemente insignificante&lt;/span&gt;. El pasado 24 de septiembre, en ese lugar, recortó hacia dentro el pasmo de Mario Suárez y Godín, que le miraron irse ya solo hacia Courtois, y marcó el 3-0 contra el Atlético de Madrid.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;En su trayecto hacia el prodigio insignificante, grabó unos días después un vídeo en el que explicaba la sencillez del movimiento, la ausencia de secreto. Aunque, como si en realidad escondiera alguno,&lt;span class="span" id="U1501946910932hbE"&gt; toda la semana pasado han estado repitiendo las imágenes en varios canales de televisión&lt;/span&gt;. El engaño hacia fuera, la sutileza del interior del pie izquierdo hacia dentro, el gol. Evidente ausencia de secreto.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Con el vídeo ya desteñido por las repeticiones y el hartazgo de quienes lo habían entendido todo, llegó el Racing de Santander al Camp Nou. En el minuto 11, &lt;span class="span" id="U15019469109320ME"&gt;Messi se coló entre dos defensas&lt;/span&gt;y se plantó en aquel lugar del área del gol sur del 24 de septiembre, frente a Toño, el portero. Como en el vídeo gastado de esa semana, sugirió el camino de fuera, y también como en el vídeo y exactamente como en el partido contra el Atlético, el interior de la bota izquierda les llevó a él y al balón a un espacio vacío desde el que también marcó. Todo igual.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Da la impresión de que Messi, acostumbrado ya a provocar el asombro mediante lo inesperado,&lt;span class="span" id="U1501946910932czH"&gt;haya encontrado que el siguiente paso en su leyenda deba darlo sobre lo previsible&lt;/span&gt;. Parece aún más extraordinario Messi viendo cómo se escabulle también de situaciones que cualquiera ha podido descifrar, en las que aparenta que nada esconde. Sobre ese pedazo de hierba del gol sur, es quizá donde el argentino más justamente se gane el título de prestidigitador. Con las mangas de las camisas hasta los codos. Imposible esconder nada.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC &lt;/a&gt;el 17/10/2011&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/16837505574</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/16837505574</guid><pubDate>Tue, 18 Oct 2011 23:16:00 +0200</pubDate><category>fútbol</category><category>Messi</category><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>El aliento de los segundos y la victoria</title><description>&lt;p&gt;&lt;p class="p"&gt;Pese a la apropiación que hace de sus palabras, esa colonización de un imaginario ajeno, hay algunas cosas decisivas en las que el deporte no se parece a la guerra. Pongamos, por ejemplo, esa imagen tan usada del esclavo que camina con la corona detrás del general romano que regresa a casa victorioso y le va susurrando «memento mori», eres mortal. En los circuitos, también por ejemplo, no sería Sebastian Vettel quien más necesitaría el estribillo, sino el resto.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Visto lo inalcanzable del Red Bull imaginado por Adrian Newey, el esclavo le podría resultar más útil a los otros. «Es mortal», debe de estar susurrándole ya a los demás pilotos, esa colección de frustrados de esta temporada. Quizá sólo así se explique que se animen a seguir persiguiéndole. Es tal vez también la razón que inflama las promesas de Ferrari de que el año que viene serán mejores. «Es mortal», parecen escuchar también los que siguen encendiendo el televisor para mirar las carreras, algunos incluso con despertador en domingo.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Siempre resulta cierto, aunque a ratos parezca lo contrario. Aunque Del Nido proclame que su equipo compite en «una Liga de mierda», enseguida comienzan a detectarse síntomas de que quedan restos de cierta mortalidad en el Madrid y el Barcelona.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;De lo contrario, habríamos dejado de mirar el fútbol y la Fórmula 1, y no esperaríamos que Nadal, también derrotado ayer por Murray, volviera a ganarle a él y a Djokovic.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;No se parecen tanto la guerra y el deporte pese al tráfico de palabras y a la inflamación de las imaginaciones. La guerra, en realidad, lo que busca es terminarse a través de sí misma. El ejército final, el que se quede solo, no renegará de su nueva condición de centinela. Sin embargo, ese Vettel tan contento de ayer en Japón no parece que fuera a contentarse con custodiar desde ahora las llaves de los circuitos.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC &lt;/a&gt;el 10/10/2011&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/16837377008</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/16837377008</guid><pubDate>Tue, 11 Oct 2011 23:14:00 +0200</pubDate><category>F1</category><category>Vettel</category><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>Un jeque, sus euros y la emoción</title><description>&lt;p&gt;&lt;p class="p"&gt;Sobre los límites se derriten algunas presuntas certezas, y el deporte vive precisamente, más que ningún otro ámbito, de lo que sucede en los bordes con esas certezas.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Piensen en un jeque, Abdullah Bin Nasser, por ejemplo, y en sus millones enchufados al Málaga en tropel. Con los millones en mente, piensen en la parte del fútbol que es emoción, es decir, la única que importa. Aparentemente, el paso de los euros a lo emocionante resulta imposible, salvo dislocación sentimental. O a menos que el paso se dé sobre el filo. Cumplidos ya los 90 minutos de un partido, por ejemplo, que fue cuando Baptista, de espaldas a la portería, saltó a perseguir una pelota que le enviaba Rondón de cabeza. En esa chilena que dejó el marcador 3-2 se derritió la certeza de lo imposible que resulta convertir millones en temblor emocionado, que no se compra, como sabe todo el mundo que no estaba en La Rosaleda el sábado por la noche.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;El malabarismo de último segundo de Baptista no tiene la trascendencia de esa otra chilena de Rivaldo que clasificó al Barcelona para la Champions en el último instante del último partido de la Liga, contra el Valencia. No importa lo mismo ganar el sexto partido del año, pero sí tiene los mismos efectos, derivados de esa angustia de última oportunidad que el fútbol logra escenificar varias veces cada fin de semana. «Fortalece más ganar así», dijo Manuel Pellegrini, entrenador del Málaga. Lo dijo una vez digerido el gol del brasileño contratado con la bolsa transportada hasta aquella ciudad por Abdullah Bin Nasser, que en realidad es a quien habría sido interesante escuchar.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Quedará todavía la intriga de si el jeque llevó a Málaga sus euros confiando en el efecto de derretimiento que podían tener los límites sobre ellos. Si, pese a todo, Bin Nasser esperaba una transformación de su dinero no financiera, sino puramente sentimental.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC &lt;/a&gt;el 3/10/2011&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/16835784710</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/16835784710</guid><pubDate>Tue, 04 Oct 2011 22:46:00 +0200</pubDate><category>fúbol</category><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>Anatomía del abucheo asambleario</title><description>&lt;p&gt;&lt;p class="p"&gt;Después del apasionado entretenimiento colectivo de la semana pasada alrededor de la interpretación de los silbidos e insultos a Cristiano Ronaldo, quizá merezca la pena seguir con la exégesis de algún otro rechazo. Como los sucedidos en las asambleas de compromisarios del Barcelona, el sábado, y del Madrid, ayer.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;En la presidida por Florentino Pérez, varios socios se quejaron del daño que en su opinión estaba causando Mourinho a la imagen del Real Madrid. Le reconocían grandes cualidades como entrenador, pero dudaban acerca del efecto sobre la imagen del club. «Nuestros valores», invocaron.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;También salieron a pasear «los valores» en la asamblea del Barcelona. Al parecer, se trataba de dilucidar si los valores de Unicef, los del Barcelona y los de Qatar resultaban compatibles; es decir, si se podían aceptar hasta 171 millones de aquel país durante los próximos cinco años. Durante la investigación, uno de los socios desenfundó el informe de Amnistía Internacional sobre el país, que denuncia discriminación de las mujeres, homosexuales flagelados y en prisión, y varias condenas por blasfemia, entre otros puntos. Enseguida fue convenientemente abucheado. El vicepresidente al cargo de las explicaciones, el económico, ya había explicado aquello: «Qatar está condenado por Amnistía Internacional, igual que España».&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;De los abucheos a Cristiano Ronaldo, los más interesantes sin duda son los segundos, los recibidos después de que diera su versión de las razones, por rico, bueno y guapo. Los días siguientes le siguieron pitando e insultando, y las razones resultaban ya más claras: por haberlo dicho, sobre todo lo de guapo. Hechas las necesarias encuestas durante varios días, no llegó a quedar despejado que aquello fuera absolutamente falso. Pero hay cosas que es mejor no decir.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC &lt;/a&gt;el 26/9/2011&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/16836474373</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/16836474373</guid><pubDate>Tue, 27 Sep 2011 22:58:00 +0200</pubDate><category>fútbol</category><category>Real Madrid</category><category>Barcelona</category><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>La rara costumbre de ganar</title><description>&lt;p&gt;&lt;p class="p"&gt;Se pone uno ante el menú de un domingo como ayer y lo primero que debería hacer es acordarse con cierta ternura de la versión de sí mismo que circulaba por los fines de semana de hace unos quince años. La carta de ayer venía con esa semifinal de Copa Davis contra Francia rumbo a la octava final; un partido por el oro del Eurobasket, también contra Francia; un gran premio de motociclismo en Alcañiz. Todas citas a un paso de la gloria. De ahí la casi obligada ternura por la versión de uno mismo vigente en los noventa.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Entonces, la carta, en su función de abanico de promesas, se atrevía a anunciar guerra, incomodidades para grandes adversarios, más que nada. De cuando en cuando, algún genio aislado, casi extraño a la vista, Arantxa Sánchez Vicario por ejemplo, se las arreglaba para ganarle un Roland Garros a Steffi Graf con 17 años. En aquella época, las expectativas eran sobre todo de sorpresa. Como aquel oro de brazos abiertos de Fermín Cacho en Barcelona.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;De ahí lo probable de la ternura hacia lo que esperábamos antes. Lo que estos días está al borde de suceder es el triunfo. España supera la semifinal de la Davis contra Francia y ya se prepara la estantería mental para colocar en diciembre otra Ensaladera. Se disputan tres carreras en Alcañiz y se hacen cuentas de cuántos de los nueve lugares de los podios van a ocupar los españoles. Y desde el primer día del Eurobasket se cuenta con que España consiga el segundo oro consecutivo y empiece a fundir ya el de los Juegos de Londres.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Quizá esa ternura hacia lo que era antes de estos domingos como el de ayer ayude contra el dolor que venga, que es el inevitable reverso de las expectativas exageradas. Esta costumbre reciente de ganar viene también con una buena ración de olvido de que en realidad nos encontramos ante algo excepcional. Y con las dificultades de digestión de lo normal, es decir, el deseo inalcanzado.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC &lt;/a&gt;el 19/9/2011&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/16838360221</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/16838360221</guid><pubDate>Mon, 19 Sep 2011 23:30:00 +0200</pubDate><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>El nada que perder y sus arrebatos</title><description>&lt;p&gt;&lt;p class="p"&gt;En quien aparenta no tener nada que perder asoma a veces algún bello arrebato salvaje. Sucede ese instante y parece que el mundo puede a darse la vuelta. Como el resto de Djokovic al saque que iba a llevar a Federer a la final de Flushing Meadows. Consciente del fogonazo, después de la pelota inalcanzable, el serbio se volvió para avisar al público: aunque parecía al borde de la derrota, en realidad estaba a punto de ganar.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;También de esa clase fue el estropicio que dejó Alonso en la salida sobre la hierba que crece al borde del asfalto de Monza. Disparaban tierra sus neumáticos y en esa ráfaga parecía posible el regreso de aquel otro Alonso en su primer paso por Renault. Aquel que también había pilotado sobre el césped en otra salida en Australia. Cuando, aparentemente sin nada que perder, se le veía siempre a punto de ganar. Aunque el efecto duró sólo unas vueltas, hasta que Vettel recuperó la cabeza.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Sin embargo, esos arrebatos tan celebrados no se apoyan únicamente en la ausencia de consecuencias del nada que perder. No basta un loco para disolver a Federer. Ni para que la Real empate en un minuto cuando el Barcelona, en otro, se había colocado 0-2 por delante. Ni para que el Getafe despierte el tembleque en la trasera de un Madrid avasallador hacia delante. No es sólo que, para lo que se les venía encima, ya les diera igual, como había sentenciado la teoría de la Liga de las goleadas perpetuas.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Lo que salvará el campeonato de convertirse en un entretiempo entre dos partidos de Champions no es que los presuntos comparsas ignoren las consecuencias de la derrota, sino que se convenzan de que, pese a todos los números, tienen algo que ganar. A veces el ruido de cheques provoca algo sorprendente: la necesidad de recordar aquella tautología de tantas risas de Boskov, la de fútbol es fútbol. Y que hay que jugar.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC &lt;/a&gt;el 12/9/2011&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/16838194434</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/16838194434</guid><pubDate>Sat, 10 Sep 2011 23:27:00 +0200</pubDate><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>El derrumbe sobre una banda azul</title><description>&lt;p&gt;&lt;p class="p"&gt;El límite es esa banda azul sobre el asfalto de una calle de la ciudad coreana de Daegu que señalaba ayer el final del maratón. Mike Morgan, estadounidense, se abalanzó hacia él acelerando en el último medio kilómetro, tratando de ganar algún puesto con el arreón. «Era un buen final», dijo. &lt;span class="span" id="U1401794171545fJE"&gt;Hasta que, cuando se encontraba a dos metros de la línea, le fallaron las piernas&lt;/span&gt;, como hielo derretido de repente, y se derramó deshecho sobre una flecha de la calle. «Odio ser el tipo que se ha caído. Ha sido cómico». Le costó levantarse y cruzar caminando. «Un día duro», dijo.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Al otro lado de la línea se había derrumbado, 13 puestos antes, el japonés&lt;a class="a" href="http://www.abc.es/20110502/deportes/abci-heroe-oficinista-201105021039.html" target="_blank"&gt;Yuki Kawauchi&lt;/a&gt;, quizá el último practicante puro de esa exploración en busca del límite que son las competiciones. &lt;span class="span" id="U1401794171545XNI"&gt;Era su quinto desvanecimiento en seis maratones&lt;/span&gt;. Todos más allá de la raya. «Cuando corro, estoy preparado para morir», dice Kawauchi, funcionario de jornada de ocho horas en un instituto de Saitama, mejor marca japonesa del año entrenándose por su cuenta. En la exploración de sus propias lindes, el 19 de junio, solo dos meses y medio antes del Mundial, se apuntó a una carrera de 50 kilómetros. Un golpe de calor lo tumbó 600 metros antes de la meta de Okinoshima y le dejó la tranquilidad de que en Daegu sucedería lo que sucedió: sólo caería después de la línea.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Cuando Morgan apoyó las manos a dos metros de la banda azul, &lt;span class="span" id="U14017941715452yC"&gt;vio al español Pablo Villalobos, a quien iba persiguiendo, puesto 30, tendido boca arriba al otro lado&lt;/span&gt;. Y allí seguía cuando el estadounidense cruzó caminando a contarle a los periodistas lo que le había pasado. Más que una fotografía, el Villalobos yaciente es la metáfora del paso de España por el Mundial. Su expedición en busca del límite, tumbada sólo unos centímetros más allá de la banda azul que partía la calle coreana y mide los logros. &lt;span class="span" id="U1401794171545msD"&gt;El bronce de Natalia Rodríguez en los 1.500 y ya&lt;/span&gt;. Apenas unos centímetros.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC &lt;/a&gt;el 5/9/2011&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/16838054228</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/16838054228</guid><pubDate>Tue, 06 Sep 2011 23:25:00 +0200</pubDate><category>maratón</category><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item></channel></rss>

