<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" version="2.0"><channel><atom:link rel="hub" href="http://tumblr.superfeedr.com/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"/><description>Textos publicados por ahí que no quiero que se me pierdan </description><title>David Álvarez</title><generator>Tumblr (3.0; @davidalvarezcc)</generator><link>http://davidalvarez.cc/</link><item><title>Tamudo, Agüero y el último sueño</title><description>&lt;p&gt;Cualquiera ha querido ser el Kun Agüero de ayer por la tarde. O el Tamudo de por la noche. Cualquiera ha querido ser, incluso, y con más posibilidades de lograrlo, uno de esos tipos del Manchester City que aguantaron en sus asientos del estadio más allá del minuto 90, perdiendo 1-2 el partido contra el Queens Park Rangers, perdiendo la liga que inopinadamente se llevaban en ese instante sus vecinos del United.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Son deseos muy extendidos, porque poco después de ese minuto 90, esa gente acogotada por el espanto de imaginarse una vida recordando esa pérdida, 44 años después de su última liga, vio a Dzeko empatar. Y cuando el reloj marcaba 93:20, enloqueció con el 3-2 de Agüero. Cualquiera ha soñado un par de minutos como ésos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Aunque ninguno de esos sueños es igual, en el fondo son idénticos. También ayer la gente del Sporting, del Zaragoza, del Rayo Vallecano, del Villarreal, apretaba el alma hasta el final del último de los partidos de nuestra liga esperando al mismo tiempo que sucediera y que no se produjera el imposible que cambiara todo y los dejara en Primera. También por arriba se encogían con lo suyo los del Atlético de Madrid, Málaga, Athletic, Levante, Osasuna. El año concentrado en un deseo. La ilusión de que nada de lo desperdiciado desde la primera jornada importaba. Unos pocos segundos bastarían para borrarlo todo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;Pero como se sospechaba al comienzo de la tarde, cualquiera no es el Kun Agüero. Salvo, por supuesto, el inacabable Tamudo, que ya arrebató una liga al Barcelona en una última tarde de 2007, y que ayer, pasado también el 90, salvó al Rayo después de muchos minutos en Segunda. El último «tamudazo» tuvo más víctimas que aquel primero. El de anoche en Vallecas provocó otro sobresalto entre quienes apretaban las radios: envió al descenso al Villarreal, que acababa de recibir un gol de Falcao.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;(Publicado en &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; el 14/5/2012)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/23227799970</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/23227799970</guid><pubDate>Thu, 17 May 2012 15:43:00 +0200</pubDate><category>Tamudo</category><category>Agüero</category><category>fútbol</category><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>Guardiola, el Wakefield del fútbol</title><description>&lt;p&gt;Por encima de esa fotografía suya que también cuelga en una pared de La Masía, de Tito Vilanova queda ahora, desde la huida de Guardiola, una imagen de esposa abandonada al frente de un pequeño ejército de niños «con la rebeldía recién descubierta». Después de verle sobre un pasillo de hierba cuchicheando con el técnico maneras de descerrajar defensas, ahora éste se esfuma dejando atrás todo aparentemente intacto (el segundo al mando), como el Wakefield del cuento de Hawthorne: «El marido, bajo el pretexto de un viaje, dejó su casa, alquiló habitaciones en la calle de al lado y allí, sin que supieran de él la esposa o los amigos y sin que hubiera ni sombra de razón para semejante autodestierro, vivió durante más de veinte años».&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Abandonó la casa que durante esas dos décadas, igual que Guardiola al Barça, seguiría llamando hogar: «En ningún sitio estaré mejor que aquí», ha repetido el aún entrenador. Tampoco Wakefield, que «en el transcurso de ese tiempo todos los días contempló la casa y con frecuencia atisbó a la desamparada esposa». Como ahora se imagina uno a Vilanova. Como parece preferirlo Mourinho a través de Karanka: «La Liga española ha existido con y sin Guardiola y existirá sin él. Los números están para juzgar a todo el mundo, los números y los títulos están ahí. Es pasado, historia». El presente que urge es el desamparado Vilanova, a quien el portugués ya pudo meterle una noche de verano el dedo en el ojo sin recibir de vuelta más que una colleja, después de lo cual pidió perdón&amp;#8230; «solo al madridismo». Urge ese presente, pese a que aún quedan cuatro partidos de Liga y la final de la Copa del Rey.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero es conocido el final de Wakefield, en cierto modo trasunto del Guardiola huidor: «Una noche él entró tranquilamente por la puerta, como si hubiera estado afuera solo durante el día, y fue un amante esposo hasta la muerte».&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;(Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;&lt;em&gt;ABC&lt;/em&gt;&lt;/a&gt; el 30/4/2012)&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/23227765807</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/23227765807</guid><pubDate>Thu, 17 May 2012 15:42:47 +0200</pubDate><category>Guardiola</category><category>fútbol</category><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>Xabi, Belle &amp; Sebastian y el fin de la lluvia</title><description>&lt;p&gt;&lt;a href="https://twitter.com/#!/Palomo_ESPN/status/193807284068028416/photo/1/large" target="_blank"&gt;&lt;img src="http://media.tumblr.com/tumblr_m2xr9pX5gD1qznt6j.jpg"/&gt;&lt;/a&gt;Como cualquier imagen susceptible de convertirse en metáfora, hubo una el sábado por la noche que podría contener todas las explicaciones, o incluso ninguna. Ya duchado, después de celebrar la conquista del Camp Nou en el vestuario, Xabi Alonso deshizo el camino por el túnel y regresó al campo. Subió unos escalones y se sentó en una butaca, único ocupante de un asiento en un estadio entonces 90.000 veces desierto. &lt;a href="https://twitter.com/#!/Palomo_ESPN/status/193807284068028416/photo/1/large" target="_blank"&gt;Allí se quedó un rato&lt;/a&gt;, a solas después de un frenesí desesperado que no abarcaba sólo esa noche, sino que había comenzado en noviembre de 2010 (aquel 5-0). Ese Xabi contemplativo que algunos fotografiaron podría decir mucho del sentido del 1-2. O tal vez nada, pese a las tentaciones de pensar lo contrario.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sabemos que miraba sin prisa las gradas, el pedazo de hierba recién tomado. Lo sabemos porque &lt;a href="http://img.ly/hbVx" target="_blank"&gt;se fotografió haciéndolo&lt;/a&gt;, una imagen en blanco y negro en la que asoma la puntera de su zapatilla derecha. «Relajándome», escribió en Twitter. Sabemos también que decidió vestir el instante con música de Belle &amp;amp; Sebastian. Y conocemos lo que dicen los versos de Another Sunny Day (Otro día soleado), la canción que escuchaba. La segunda, por ejemplo: «Otro día lluvioso, estamos atrapados en casa con un tren de juguete». Después, pasada la lluvia, como había pasado ya en el momento en que Xabi se sentó en la grada con pantalones cortos, la tercera estrofa sigue: «Otro día de junio, escogeremos a once para jugar al fútbol».&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Resulta tentador entender que la imagen del Xabi contemplativo y sus versos cantados de fondo contienen todas las explicaciones de lo que sucedió el sábado en el Camp Nou. Ver en ella lo que sigue a la tormenta de ansiedad que suponía hasta entonces el Barcelona. Pero bien puede haber sido otra cosa. También Mourinho regresó al campo vacío, y también tomó alguna fotografía. Pero regresó adentro enseguida.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" target="_blank"&gt;ABC&lt;/a&gt; el 23/4/2012&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="https://twitter.com/#!/XabiAlonso/status/193805407997788161" target="_blank"&gt;&lt;img src="http://media.tumblr.com/tumblr_m2xrawDikO1qznt6j.jpg"/&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/21650144864</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/21650144864</guid><pubDate>Mon, 23 Apr 2012 18:02:23 +0200</pubDate><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>Cristiano, Messi y los cromos</title><description>&lt;p&gt;Más que el montante final de goles que arroje el duelo que pelean Cristiano y Messi desde la distancia, lo asombroso de su arrebato anotador es que sucede ya fuera del tiempo. Con esos 41 goles que han cazado cuando todavía les quedan cinco partidos, irrumpen en un pasado de hemerotecas y cromos amarillentos que parecía intocable en los desvanes y las memorias de los más viejos. Hasta estos dos salvajes, la excusa para conformarse y celebrar que Butragueño, por ejemplo, se llevara el Pichichi en 1991 con 19 tantos era que lo de Zarra y otros de los años treinta y cuarenta eran registros de otra época, que como todas las otras épocas fue mejor y nunca va a volver. Salvo que, como han hecho Messi y Cristiano, se vaya hasta allí a buscarla.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por ese trasplante al pasado, se puede saber ya que este combate librado a goles como guantazos se encuentra más instalado en la memoria que en el periódico del día. Algo también asombroso, por las escasas ocasiones en las que se es capaz de anticipar qué recordaremos y qué perderemos para siempre, es decir, qué no hemos tenido nunca, que es la verdadera naturaleza de lo olvidado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El clásico del sábado viene con una ocasión más de otro tiempo, de septiembre de 1933 concretamente. Entonces se discutía si el delantero centro de la selección española debía ser el atlético Elícegui o el oviedista Lángara. En medio de la disputa en periódicos y cafés, se citaron sobre la hierba cual pistoleros al alba. Se organizó un partido Oviedo-Athletic de Madrid (así se llamaba entonces), que terminó con el resultado Lángara, 7; Elícegui, 1. Con esos 7 y su media de 1,5 por partido aquella temporada zanjó el asunto. El fútbol, en fin, que es lo que uno espera también del clásico del Camp Nou. Especialmente cuando se sabe de antemano que, como este que viene, será un partido de otra época. De cromos amarillentos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC&lt;/a&gt; el 16/4/2012&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/21261488279</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/21261488279</guid><pubDate>Tue, 17 Apr 2012 11:11:00 +0200</pubDate><category>fúbol</category><category>Lángara</category><category>Cristiano</category><category>Messi</category><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>Raúl, gran fingidor de su final</title><description>&lt;div class="art-layout-a-2x" id="testArtCol_a"&gt;
&lt;p&gt;Más que del gol, la lucha, los valores, o lo que sea, Raúl lleva años viviendo de fingir su propio final. Eso es lo que pesaba realmente ayer cuando se presentó dentro del área delante de Zieler, el portero del Hannover. Sin aparente esfuerzo le recortó con la izquierda hacia la línea de fondo y marcó con la derecha. Un gol que no habría sucedido de no haber terminado ya antes tantas veces la carrera de Raúl.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Acabó además siempre con extraordinario efectismo escénico. Por tomar solo las ocasiones más notables, pensemos en su final con el Real Madrid. La última vez que tocó el balón con esa camiseta, marcó. Lo hizo, además, con un esguince de tobillo recién producido. Aquel fue quizá su final perfecto más complicado: al entrar a jugar no podía saber que sería la última vez. Solo las pruebas médicas de los días siguientes zanjaron su carrera: debía reposar cuatro semanas, y no quedaba tanta Liga.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Acabado, Raúl se trasladó a Alemania, donde, escudado en la endeblez de su ocaso, empujó al Schalke 04 hasta las semifinales de la Champions. Allí tramó otra de sus funciones de gran despedida. Su equipo solo cayó en el muy ceremonioso estadio de Old Trafford. Sobre un escenario tan adecuado se entregaba la leyenda europea de Raúl. La perfección del truco se escondía precisamente en eso: se entregaba ante los ojos de todos, esta vez de manera anunciada; no como en La Romareda. También engañan así los magos: al descubierto. Como el jueves en San Mamés, con las flores para Pichichi. No solo a la vista de todos. Permitió que cualquiera le palmeara la espalda mientras corría escaleras arriba.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="art-layout-a-2x" id="testArtCol_a"&gt;Hasta Zieler debía de haber visto aquello. Pero él, como muchos antes, tampoco entendió el engaño hasta un rato después de oír el balón en su red. Al principio fue el niño pasmado de cuya oreja saca el mago una moneda. Frente a Raúl, ese gran fingidor.&lt;/div&gt;
&lt;div class="art-layout-a-2x"&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="art-layout-a-2x"&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC&lt;/a&gt; el 9/4/2012&lt;/em&gt;)&lt;/div&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/21076499152</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/21076499152</guid><pubDate>Sat, 14 Apr 2012 12:23:13 +0200</pubDate><category>fútbol</category><category>Raúl</category><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>El fútbol y su mejora de las masas</title><description>&lt;p&gt;Quizá sí debería futbolizarse incluso más la realidad, que es el registro en el que el pueblo se mueve bien cuando se le desploma encima lo inevitable. Es decir, los días que vive España, ahora que todo parece irse irremediablemente al garete. En uno de esos días, el sábado, en concreto, El Molinón vio sus gradas más ocupadas que en ninguna otra tarde del año. El Sporting, antepenúltimo clasificado, recibía al Zaragoza, último, y desde el miércoles resultaba imposible comprar una entrada. La gente del Sporting tenía servida sobre la hierba una oportunidad única de sentir que podía contribuir a evitar un desastre. En Gijón, la tragedia la están viendo venir ya desde un poco antes de despedir a Manuel Preciado, pero había cierto refresco en la posibilidad de alejarse del último y del vértigo que produce. De ahí el lleno.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las masas del fútbol ya han logrado cosas aparentemente más inalcanzables que pisaban fuera de los estadios. En el verano de 1995, por ejemplo. Aquel agosto se decretó el descenso a Segunda B desde la Primera División del Celta de Vigo y el Sevilla. No habían presentado a tiempo avales para cubrir sus deudas. La inminencia de la tragedia futbolera lanzó a miles de personas a las calles de Vigo y Sevilla. Como es sabido, consiguieron evitar el hundimiento que decretaba la ley, que desde entonces se entendió sometida también a la pasión. Eso que debemos al fútbol.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pocos ámbitos como este deporte ofrecen oportunidades a cualquiera para influir en la realidad y desactivar lo inevitable. Así que quizá se le esté dando poco al fútbol. Tal vez merezca más paciencia con sus agujeros en los libros de cuentas. Saca lo mejor de muchos, repentinamente convencidos de que son capaces de dar la vuelta a lo irremediable. Como lo que se viene encima estos días. Aunque también es cierto que el Sporting perdió contra el Zaragoza, que solo había llevado 280 personas a El Molinón.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC&lt;/a&gt; el 2/4/2012&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/20464901540</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/20464901540</guid><pubDate>Wed, 04 Apr 2012 15:18:19 +0200</pubDate><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>Torres regresa a la vulgaridad</title><description>&lt;p&gt;Pudiendo haberse quedado a reinar en el despoblado territorio de lo legendario, Fernando Torres prefirió ayer la vulgaridad de marcar dos goles. Pese a lo que se ha venido diciendo, el prodigio estaba en conseguir alargar la sequía, esos cinco meses, esos 1.541 minutos de juego sin marcar. Todo al traste con un remate mordido a unos centímetros del punto de penalti para sumar un innecesario 3-0 contra el Leicester, un equipo de Segunda, en los cuartos de final de la Copa. Un desperdicio. Tanto, que ya le dio igual marcar otro, de cabeza, poco después.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Basta repasar las imágenes para medir el desastre. Después del leve fallo con el que rompió el encantamiento, Torres no sale corriendo en un estallido de liberación. Se queda tranquilamente a recoger la pelota, con media sonrisa, mientras se acercan sus compañeros a abrazarlo, uno a uno, como por turnos. El besamanos parecía exactamente lo que era: un partido homenaje a una gloria recién archivada en las hemerotecas. El celebrado también siguió con rigor el protocolo, y cerró la presunta celebración aplaudiendo al público. El tipo de los 50 millones de libras que abandonaba su condición de fenómeno inexplicable para refugiarse en el calor de lo rutinario. De ahí su parsimonia después del gol, en la línea de cualquier otra rutina: tampoco el cartero no se lanza a dar vueltas enloquecidas a la manzana después de repartir el correo. Torres ha vuelto a marcar goles del mismo modo que el quiosquero le da a uno el ABC si es el ABC lo que ha ido a comprar: cobra, tal vez sonríe, y a otra cosa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Así que Torres se fue ayer de Stamford Bridge muy despacio, caminando con la compañía de una cámara que emitió sin cortes los tres o cuatro minutos que tardó en irse. Más abrazos, un intercambio de camisetas. Una media vuelta para otro aplauso al público. Como si pensara que ya no merecía la pena volver a jugar más, de tan vulgar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC&lt;/a&gt; el 19/3/2012&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/19621177176</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/19621177176</guid><pubDate>Tue, 20 Mar 2012 10:25:24 +0100</pubDate><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>El Athletic, dueño de la memoria</title><description>&lt;p&gt;Quizá es en Bilbao donde mejor entienden que el fútbol, como los viajes, como la infancia, sucede para ser recordado. No solo por quien lo mira. También latía esa idea en quienes han dejado sobre el césped algunos de los instantes más bellos. Como Sócrates, que pensaba en ellos quizá ya desde el principio, y lo explicó una vez: “No hay que jugar para ganar, sino para que no te olviden”. Los recuerdos hermosos permiten goces inalcanzables para algunas victorias. Como la del Athletic de Bilbao en Old Trafford.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Todo lo sucedido la semana pasada, desde la salida del primer bilbaíno de su ciudad o de alguna otra hasta su regreso, mejor que en la hierba se explica en el terreno del recuerdo sentimental. Ahí resulta finalmente posible rematar una eliminatoria de Copa de Europa que comenzó a jugarse sobre la nieve, y también bajo ella, al princpio de la tarde del 16 de enero de 1957. Ganó 5-3 el Athletic, en una competición que entonces solo disputaban los campeones de la liga de cada país. Los eliminó un 3-0&amp;#160;en la vuelta, en un partido del que, al contrario del de la nieve, apenas queda recuerdo en la ciudad. Tan poco, que muchos supieron solo hace días que no se disputó en Old Trafford, en obras, sino en Maine Road, el campo del City. Por fin en Old Trafford, pues.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span id="internal-source-marker_0.3606988431420177"&gt;&lt;span&gt;De ahí que no resulte complicado explicar el viaje de 8.000 personas en día laborable. No se trataba de la ida de los octavos de final de la Liga Europa, que disputan no el campéon local, sino el quinto y sexto clasificados. Se encontraban ante la oportunidad única de zanjar como se debía aquella eliminatoria de la Copa de Europa del 57. Tal vez la mayor operación de recuperación colectiva de infancias vista en décadas. Eso era más fácil de ganar que lo que disputó el equipo de Ferguson, una eliminatoria lejana de un torneo en el que preferirían no tener que estar.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC &lt;/a&gt;el 12/3/2012&lt;/em&gt;)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/19199193962</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/19199193962</guid><pubDate>Mon, 12 Mar 2012 23:05:05 +0100</pubDate><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>Mourinho y Bielsa, tan normales</title><description>&lt;p&gt;Pese a todo, también se parecen mucho Jose Mourinho y Marcelo Bielsa. Especialmente en el artero manejo de la normalidad. Tipos que silban con las manos en los bolsillos —cosa nada normal por otra parte— mientras la perspicacia persigue el presunto sentido de excentricidades indescifrables. Recordemos: hace una semana acorralaron al argentino después de un partido en El Madrigal: «Cada vez que el Villarreal le hace una ocasión clara da 13 pasos. Pregunto: ¿Casualidad?». Sonrisa nerviosa. «Tal vez la longitud de la zona coincidía con esa longitud de pasos», dijo Bielsa. La geometría —nada más previsible— como arma de distracción de una mente compleja e inabarcable.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Como la de Mourinho, que se dejó ver el lunes y el martes de la semana pasada en Londres. Ciudad con varios equipos de fútbol y un entrenador, André Villas-Boas, antiguo discípulo suyo, tambaleándose en el alero. Ayer cayó finalmente derribado por Abramovich. ¿Casualidad?, se maliciaban los cazadores de segundas intenciones. «No tengo por qué dar explicaciones a nadie sobre mi vida privada», cortó Mourinho. La vida privada, por cierto, es la que se camina en zapatillas. La normalidad, vamos, que en realidad es lo más sospechoso que hay. Normales son siempre los vecinos descuartizadores. Gente muy amable que saluda en el portal y entretiene el viaje de ascensor quejándose de la lluvia ausente o de la que obliga al paraguas, gente de orden que acompasa sus lamentos a las estaciones. Que se escapa un par de días a Londres cuando junta unos ahorrillos, o da clases de geometría euclidiana a un vecino. Gente de lo más normal. Hasta que aparece el primer cadáver.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De ahí la desconfianza de los incómodos con la normalidad, que quizá hayan bajado a comprobar si la zona técnica de El Madrigal mide lo que dice Bielsa. «Por cierto, me voy a volver a ir el lunes», juguetea Mourinho. A Múnich. ¿Casualidad?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC &lt;/a&gt;el 5/3/2012&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/18792710183</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/18792710183</guid><pubDate>Mon, 05 Mar 2012 17:02:05 +0100</pubDate><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>Torres y la inutilidad de la gloria</title><description>&lt;p&gt;La ausencia de Torres en la última lista de Del Bosque avanza un paso algo que parecía evidente, pese a que suele olvidarse. Si algo se sabía sobre la gloria futbolística, es su escaso valor cuando se la coloca frente a un café con leche. Si ha transcurrido el tiempo suficiente, o se ha alejado uno bastante (física o sentimentalmente), ante la barra de un bar, es decir, la vida, la gloria futbolística pesa muchísimo menos que un par de rasgos sugerentes. Un Mundial, menos que algún rincón de una silueta, por poner. El fúbol de nada sirve fuera del campo. Y, como ahora con Torres, a veces ni siquiera dentro de él.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Aunque eso él ya lo había intuido hace tiempo. Al menos ya en su última entrevista. Por entonces, ya en el Chelsea, las cosas le iban más o menos como ahora, cuando lo extraño es que marque. Aquel día de la entrevista recordaba con Mónica Marchante su rodilla lesionada antes del Mundial de Sudáfrica, la cirugía, lo ajustadísmo del tiempo en que se recuperó, y le dijo: “Quizá no compensó arriesgar tanto como lo hice entonces”. Recuerden que Torres, con aquel riesgo, se proclamó campeón del mundo. Sin embargo, aquella gloria, que quizá aún aguante enfrentada al café con leche, no le sirve para nada cuando juega al fútbol.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;“Quizá no compensó arriesgar”, decía. Teniendo en cuenta que de Sudáfrica regresó, y que a eso atribuye en parte su sequía, el “no compensó” puede traducirse como que las tardes que salta al campo preferiría celebrar goles o aparecer en la lista de Del Bosque a recordarse campeón del mundo. Pese a que muchos se ofenden, la gloria futbolística puede no tener el efecto de la convocatoria perpetua, pero aguanta intacta: Mundial, Eurocopa. También habrá algún bar de Coruña donde ignoren a Luis Suárez, tan anciano, y él podrá salir de allí sin un rasguño ni el Balón de Oro ni en la Eurocopa del 64.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC&lt;/a&gt; el 27/2/2012&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/18373777094</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/18373777094</guid><pubDate>Mon, 27 Feb 2012 10:27:14 +0100</pubDate><category>Torres</category><category>fútbol</category><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>Michu: "Rematar a un toque es un acto reflejo"</title><description>&lt;p&gt;&lt;p class="p"&gt;&lt;img src="http://www.abc.es/Media/201202/25/michu-abc--644x362.jpg" width="500"/&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Michu se mueve feliz por la ciudad deportiva del Rayo, en esta temporada de su debut en Primera, tan tardío, con 25 años, pero tan fulgurante. Con 11 tantos, es el centrocampista con más goles de la Liga y el tercer máximo goleador español del curso, con sólo uno menos que Llorente y Soldado. El domingo (16.00 h, GolT / C+L) reciben en Vallecas al Real Madrid. Michu se cruza con su entrenador, José Ramón Sandoval, y recibe otro empujón hacia arriba: «Te quiero ver ganador, eh», le dice.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p" id="U1502467438475iwE"&gt;&lt;strong&gt;—En la primera vuelta, nada más estrenarse en el Bernabéu, marcó. ¿Cómo lo recuerda?&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;—Ni me lo creía: «No me puede estar cayendo este rechace a mí. No me puede estar pasando esto a mí», pensaba. La primera vez que pisas el Bernabéu, un campo que impresiona, porque sales y se ve como un rascacielos hacia arriba, que no se acaba nunca. Pasan 13 segundos y te cae un balón para poner a tu equipo 0-1, con lo difícil que es meter un gol en ese campo. Aunque con lo bueno que es Íker, hasta que entra el balón todavía piensas que te lo puede parar. [&lt;a href="http://www.abc.es/20120225/deportes-futbol/abci-miguel-perez-michu-rematar-201202250846.html" target="_blank"&gt;Leer toda la entrevista&lt;/a&gt;]&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;(Entrevista publicada en &lt;a href="http://www.abc.es/20120225/deportes-futbol/abci-miguel-perez-michu-rematar-201202250846.html" target="_blank"&gt;ABC&lt;/a&gt; el 25/2/2012; la foto es de Ignacio Gil)&lt;/p&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/18251625195</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/18251625195</guid><pubDate>Sat, 25 Feb 2012 16:40:00 +0100</pubDate><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>Guardiola, Mourinho y el vacío futuro</title><description>&lt;p&gt;Las diferencias en el trazo ocultan a menudo las numerosas coincidencias entre Mourinho y Guardiola. En particular, resultan prácticamente iguales en su ajustada conciencia del vacío que dejarán algún día. También en el manejo de esa nostalgia futura, aunque con diferencias estilísticas. Pero ambos han descifrado con idéntica exactitud la fuerza de ese vacío. Cual depositarios de los secretos del principio de Arquímedes, aquello del cuerpo sumergido que, precisamente por estarlo, recibe una fuerza hacia arriba igual al peso del volumen del fluido desalojado. El calibre del hueco que se ocupa define la intensidad de esa fuerza que se construye al ocuparlo. El espacio que habitan Mourinho y Guardiola en sus equipos explica el poder que tiene evocar su futura ausencia. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo han hecho ellos mismos. El portugués, después de una tarde que le pitaron en el Bernabéu, deslizó: «Puede que un día se queden tristes ellos». También Guardiola, que este año de perseguir al Madrid en la Liga retrasa más que otros el anuncio de su renovación: «Prefiero tomarme un poco más de tiempo. Si lo respetan, bien; si no, mala suerte».&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Conocen bien la fuerza de algo que funciona hace mucho en las gradas. El viernes, San Siro, desesperado con el 0-3 ante el Bolonia, invocó el rastro del portugués: «Mourinho, Mourinho&amp;#8230;». Era el lamento por un hueco no tapado desde su marcha al Real Madrid. Al día siguiente, el estribillo se repitió en un Chelsea-Birmingham (1-1). La grada visitante, afición de Segunda  feliz de aguar la Copa al poderoso, les señalaba con saña el agujero, con el sádico deleite de quien hurga en una herida abierta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Precisamente para esas gradas diseñan sus estrategias de tráfico de afectos los entrenadores del Madrid y del Barcelona. Tan parecidos, pese a todo, en su manejos de la nostalgia futura. Tan conscientes del poder que produce el gigantesco espacio que han logrado ocupar cada uno en su rincón.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC &lt;/a&gt;el 20/2/2012&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/17949379084</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/17949379084</guid><pubDate>Mon, 20 Feb 2012 17:03:00 +0100</pubDate><category>fútbol</category><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>La broma española de los guiñoles</title><description>&lt;p&gt;Resulta evidente que si algo demuestra el caso de las protestas gubernamentales, olímpicas y federativas por los guiñoles es la asombrosa ausencia de sentido del humor de los franceses. De otro modo no se entiende. Andan estos días enfurruñados por las simpáticas arremetidas de algunos ministros. Como si fuera en serio. Sin embargo, la no intervención de Gaspar Llamazares en el jaleo demuestra lo contrario sin resquicios para la duda.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;España tiene en Llamazares a su mayor autoridad en esos delicados lugares en los que se arriman realidad y ficción, con experiencia demostrada en el manejo de dos de sus principales intersecciones: el humor (específicamente el de los guiñoles) y el retrato robot (acaso un subgénero de lo primero). Y desde su experiencia, esto de los guiñoles franceses lo ha dejado pasar. Aunque, como recordarán, no siempre fue así. Hubo un momento, hace casi ya diez años, en el que sí vio imprescindible su lamento público. Llegaron los guiñoles a España y a él no le hicieron muñeco, así que se quejó con insistencia hasta que se vio traducido a látex.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;También encontró necesario ser contundente cuando el FBI utilizó su fotografía para componer un retrato robot de Bin Laden. Amenazó con una demanda por aquel uso de su imagen para construir otra realidad. La cosa, evidentemente, era grave: «No creo en las casualidades, y menos de los servicios secretos americanos», explicó.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Con estos antecedentes, resulta aún más extraña la incomodidad francesa por los comentarios de algunos ministros españoles. Ni siquiera pueden escudarse en el desconocimiento del experto Llamazares: «Le Figaro» le hizo hueco entonces en su portada al episodio del dibujante conspirador del FBI. Pero esta vez Llamazares se ha mantenido al margen, lo que únicamente puede indicar que los políticos españoles sólo están siguiéndole la broma a los guiñoles.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC &lt;/a&gt;el 13/2/2012&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/17550722586</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/17550722586</guid><pubDate>Mon, 13 Feb 2012 15:02:06 +0100</pubDate><category>guiñoles</category><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>Los niños quieren ser bancarios</title><description>&lt;p&gt;&lt;p class="p"&gt;La mayor montaña que podría dinamitar Pablo Infante el martes en San Mamés no es la de lo imposible que parece que un equipo de Segunda B, como su Mirandés, llegue a jugar la final de la Copa del Rey, algo nunca antes visto en España. Se trata de algo de corte más sentimental. Como lo que empuja a que cientos de miles de personas que desconocían la existencia del Mirandés se hayan emocionado cada noche que eliminaban a un equipo de Primera, e incluso temblaba con las arremetidas de últimos minutos en las que remontaba, o parecía remontar, algunos de esos partidos. Sueños de fútbol de quienes juiciosamente los abandonaron a tiempo, pero que pueden desempolvarlos sin riesgo en las noches de Copa. Cualquier empleado de banca podría haber jugado una semifinal contra el Athletic, si hubiera querido. Eso han pensado muchos. Aunque cualquiera no puede ser ya empleado de banca. O empleado.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;He ahí el verdadero giro provocado por Pablo Infante, con quien muchos han igualado estos días el regate y el disparo de larga distancia que recuerdan que lucían en el patio de su colegio. Eso es lo que se solía soñar: uno mismo sobre la hierba de Anduva, tirando amagos, marcando goles. Con la cabeza rapada y el brazalete de capitán. Con el miedo derramado sobre los ojos de los gigantes de enfrente. Hasta que se conoció uno de los elementos de su grandeza, esos madrugones para abrir la sucursal de Cajacírculo de Quincoces de Yuso. Una grandeza en el momento equivocado.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Porque la realidad, con sus subprimes, ha dado una vuelta perversa, de tal forma que ahora parece más al alcance jugar una final de la Copa del Rey que llevar en el bolsillo las llaves para abrir una sucursal bancaria a las ocho de la mañana. Por no decir una caja. Muchos desean aún ser Infante, como siempre, pero en el reverso de esa gloria de salir a hombros. El que duerme en el pupitre sobre el que sellan las pólizas. También sueño de fútbol.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC &lt;/a&gt;el 6/2/2012&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/17150045865</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/17150045865</guid><pubDate>Mon, 06 Feb 2012 12:38:00 +0100</pubDate><category>fútbol</category><category>Mirandés</category><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>El tipo que consiguió unas sillas</title><description>&lt;p&gt;Tal vez el gesto más extraordinario de la épica final australiana de Nadal y Djokovic fue el de quien, terminado el partido, pensó que resultaba más urgente acercarles unas sillas que entregarles los trofeos. El primero en despertar del encantamiento de un prodigio límite. Mientras, a la una y media de la madrugada, recitaban sus líneas los discurseadores que habían pagado algo de aquel circo, incluso a sus derrengadas fieras. Los demás contemplábamos a esos héroes deshechos, sus restos también son parte del espectáculo. Entonces a alguien se le ocurrió que tal vez necesitaran una silla. La primera cortesía con el invitado a casa: acércale algo para que se siente. Como si Nadal y Djokovic también fueran normales.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, embobados por un intenso asombro de casi seis horas, olvidamos que también estos tenistas son tipos que necesitan sentarse cuando están cansados. Y que cuando se sientan, tan exprimidos, les va bien beber. Pero quizá el mirar deja sentimentalmente agotado, porque tuvo que ser Djokovic quien acercara una botella a Nadal cuando ya habían conseguido asientos. Y ese cansancio emocional, ese embobamiento, empequeñece de alguna forma la extenuante hazaña que se desplegó ayer en la otra punta del globo. Olvidamos las sillas, y en ese olvido, que en cierto grado, no menor, son normales, y que, si se mantiene a la vista esa normalidad, esas sillas, lo que acababan de hacer sobre la pista Rod Laver resultaba todavía más asombroso. Alcanzado por tipos que alguna vez no pueden más.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De ahí lo extraordinario del gesto de retirarle los asientos a dos recogepelotas para acercarlos hasta la red. De ahí lo admirable del tipo que pensó en hacerlo, quizá el único en reconocer en toda su dimensión el prodigio de dos tipos normales empujándose a raquetazos hacia un límite doloroso hasta lo histórico. Un tipo tan hospitalario como perspicaz.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC&lt;/a&gt; el 30/01/2012&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/16786684120</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/16786684120</guid><pubDate>Tue, 31 Jan 2012 00:57:28 +0100</pubDate><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>El fútbol enredado en palabras</title><description>&lt;p&gt;&lt;p class="p"&gt;La palabra ha hecho a veces cosas asombrosas con el fútbol, siempre dispuesto a proporcionarle jugosos pretextos. Ha sido el lado luminoso de las letras, acostumbradas en otros ámbitos, como la economía de mal pronóstico, a funcionar como oscuras humaredas. Agotadas de la crisis, las palabras extienden estos días su emborramiento al fútbol, y en concreto al intenso serial de los Madrid-Barcelona. Tanto, que añora uno esas escenas que trae cualquier viajero que regresa de lejos, asombrado con posaderos madridistas y taxistas del Barça. Se trata de cierta nostalgia del fútbol sin alrededores. De lugares en los que del juego lo que se emite son los partidos. Al imaginarlo, puede también pensarse en el desdichado don de los afásicos.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;En uno de los episodios que relata Oliver Sacks en «El hombre que confundió a su mujer con un sombrero», un grupo de pacientes se carcajea mientras ve por televisión un discurso del presidente. Sucede en el pabellón de afasia, la zona de su hospital de los pacientes incapaces de entender las palabras en cuanto que tales. Estas personas descifran gestos, entonaciones, miradas, maneras de plantarse. Como un viejo detective. Como un vendedor del zoco de Marraquech, que quizá entre hoy y el miércoles sueñe con que el Madrid pueda darle en el Camp Nou la vuelta a la eliminatoria de Copa. O el maitre del restaurante de Beirut, que amanezca pasado mañana con el ahogo inesperado de haber visto con toda claridad, mientras dormía, cuatro goles de Benzema. Afásicos por geografía, seguros de la incertidumbre, pendientes del fútbol. Afortunados sin las palabras de estos días.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Como los pacientes de Sacks: «Reaccionaban ante aquellas incorrecciones e incongruencias tan notorias, tan grotescas incluso, porque no los engañaban ni podían engañarlos las palabras. Por eso se reían tanto del discurso del presidente».&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC&lt;/a&gt; el 23/01/2012&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/16787137036</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/16787137036</guid><pubDate>Tue, 24 Jan 2012 01:04:00 +0100</pubDate><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>Historias de fútbol con olor a niñez</title><description>&lt;p&gt;&lt;p class="p"&gt;Pasando el otro día las páginas de la «Historia del Real Madrid contada por ABC», regresé a mi habitación de los veranos en casa de mis abuelos maternos. Allí, antes de dormir, pasaba las páginas de otro coleccionable de ABC sobre el Real Madrid que mi abuelo Luis había completado y encuadernado.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Eran los ochenta, un tiempo fascinante para un niño; esos años en los que el Bernabéu aseguraba imposibles remontadas. Algunas las tenía grabadas mi abuelo, y de tarde en tarde las veíamos juntos. Después, por las noches, con alguna de aquellas jugadas aún revoloteando en la cabeza, yo leía ya en la cama cuentos sobre Zamora, Di Stéfano, Gento, Puskas, las seis Copas de Europa. Y sobre la final de la Copa del Rey de 1980, que se disputaron el Real Madrid y el Castilla, algo que entonces, acostumbrado a las remontadas europeas y otras leyendas, no me pareció tan asombroso.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;De algún modo, a través de aquellas historias del coleccionable y de aquellos partidos grabados, el fútbol me produjo la primera fascinación. Con Butragueño, Míchel, Hugo Sánchez, Martín Vázquez. De mi abuelo Luis, con quien aún comento algún partido por teléfono, me queda el fútbol, del mismo modo que del otro, Eloy, conservo una Underwood portátil de teclado de tres filas fabricada en 1924, y tal vez la escritura.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Luego, por supuesto, han venido otras fascinaciones futbolísticas, pero ninguna alcanza la misma intensidad que las de un niño. De ahí esa especie de sobresalto del otro día al abrir la «Historia del Real Madrid contada por ABC» que empieza estos días su marcha con este diario, al verme de nuevo en aquella habitación al fondo del pasillo que ocupaba durante los veranos. De vuelta en casa de mis abuelos, que son la infancia, un lugar al que el fútbol y sus historias, como pocas cosas, permiten aún regresar de cuando en cuando.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC&lt;/a&gt; el 9/01/2011&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/16787852662</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/16787852662</guid><pubDate>Tue, 10 Jan 2012 01:15:00 +0100</pubDate><category>fútbol</category><category>Real Madrid</category><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>Nadal, el escapismo y el desaliento</title><description>&lt;p&gt;&lt;p class="p"&gt;La fascinación con la que contemplamos a Rafa Nadal se parece mucho a esa otra con la que acudían las multitudes a comprobar si Harry Houdini, esposado, encadenado, se mataba sumergido boca abajo en un tonel de agua. O en cualquier otro de sus artefactos. Aunque en realidad sabían que terminaría escapando en el último instante.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Pese a lo que casi siempre se ha creído, la maestría de Houdini no estaba en los imposibles planes de fuga desarrollados bajo amenaza de muerte, sino en la ideación y construcción de las presuntas trampas. Con ellas lograba provocar en el público el escalofrío real de lo inevitable y el alivio final de la salvación, igual de intensos ambos pese a que eran perfectamente esperados.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;El parecido de Nadal y Houdini se localiza exactamente en ese escalofrío de lo que inevitablemente va a acabar mal. En ese instante, ambos comparten el buen pronóstico, porque nos hemos acostumbrado a que también el tenista termine escurriéndose en el último instante. Como ayer sobre la tierra de La Cartuja contra el argentino Juan Martín Del Potro, cuando cerró el primer set perdiendo 6-1.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Entonces parecía ya aplastado por un tenista con apariencia de gigantón de circo: dos metros de estatura, casi cien kilos, pies enormes. Pero incluso entonces «sabíamos» que sólo era necesario esperar para descubrir por dónde iba a escabullirse del gigante. Como Houdini del tonel de agua.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Sin embargo, la grandeza de Nadal se apoya precisamente en lo que le distingue de Houdini. Él no interviene en la fabricación de las trampas, que en su caso son reales. De ahí que le hayamos visto este año derrotado ante Djokovic mientras, hasta el último instante, seguíamos esperando el alivio de su genialidad. De ahí, en fin, su esencia inigualable, buscando como nadie hasta el final el modo de escapar a lo inevitable, eternamente ajeno al desaliento.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC&lt;/a&gt; el 5/12/2011&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/16787577332</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/16787577332</guid><pubDate>Tue, 06 Dec 2011 01:11:00 +0100</pubDate><category>Nadal</category><category>tenis</category><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>Los nuevos peregrinos del maratón</title><description>&lt;p&gt;&lt;p class="p"&gt;Los maratones como modernas peregrinaciones. En las listas de cosas que hacer antes del fin, los 42 kilómetros de Nueva York de ayer (o de Boston, Berlín&amp;#8230;) ocupan la línea antes destinada al camino de Santiago. La búsqueda del extremo a lo largo de la ruta, en la fatiga. La emoción intensa, la euforia del corredor. Las pequeñas historias.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;En 2009, Derartu Tulu, etíope, 37 años, madre de dos hijos, marchaba en el grupo de cabeza por Nueva York. Al cruzar el último puente y entrar en Manhattan, Paula Radcliffe, 35 años, un hijo, récord del mundo de la distancia, empezó a descolgarse por una tendinits. Tulu se giró: «Venga. Podemos hacerlo», le dijo. La británica aguantó un poco, pero enseguida volvió a rendirse. Tulu la esperó. Corrieron juntas un tramo, hasta que la etíope vio que Radcliffe no podría recuperarse. Entonces aceleró, alcanzó la cabeza, ganó la prueba, y después explicó: «La había batido en cross y en la pista, pero en el maratón ni siquiera había logrado correr con ella demasiada distancia. Ha sido una desilusión que no pudiera correr bien».&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;En 2010, Gebremariam, etíope, 26 años, corría también en cabeza en Nueva York, al lado de Gebrselassie, 37 años, la leyenda cuyas hazañas había estudiado en la escuela. La leyenda abandonó por una dolencia en la rodilla, pero antes de hacerse a un lado, le dijo al joven: «Tienes que moverte. Tienes que alcanzarlos [a los primeros]». Gebremariam terminó imponiéndose en Central Park.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Historias así también las cuentan los menos notables que viajan a correr siguiendo su lista de cosas pendientes. En eso los maratonianos son como los peregrinos. Y también en ese transcurrir de lo extraordinario por entre la vida. Los 42 kilómetros que atraviesan ciudades atolondradas. El camino de Santiago por minúsculos pueblos perplejos del sur de Europa.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC &lt;/a&gt;el 7/11/2011&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/16835632162</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/16835632162</guid><pubDate>Tue, 08 Nov 2011 22:44:00 +0100</pubDate><category>maratón</category><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item><item><title>El Levante y el final del asombro</title><description>&lt;p&gt;&lt;p class="p"&gt;Estos días recién terminados de vuelo en cabeza del Levante se han soportado en muchos rincones con una mezcla de fascinación y fastidio. Lo insólito y sus incomodidades. Como si se estuviera haciendo larga la espera para que nos echara encima «la Liga de mierda» pronosticada por Del Nido después de los primeros 90 minutos.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;El asombro presenta ciertas dificultades en su manejo. Llegó un momento en que la sorpresa se volvió cansina. Sólo así se explica que hace un par de días el asombro se viera dirigido a otro asombrado. El asombro del asombro. Se ve que un periodista del New York Times, Jake Appleman, había ido a Valencia a preparar un reportaje sobre ese equipo de presupuesto diminuto que se empeñaba en escribir su nombre en las clasificaciones por encima de los del Real Madrid y el Barcelona. «La Liga de mierda» no terminaba de llegar, y hasta el New York Times había empezado a impacientarse.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;La sorpresa por la sorpresa de Appleman continuó con la lógica propia de estos casos. «¿Qué ha venido a hacer usted aquí?», preguntaron a Appleman, que debió de sentirse como H.M. Stanley, el periodista galés a quien el New York Herald envió a África a buscar al desaparecido doctor Livingstone. Las agencias de noticias, y enseguida muchos medios, rebotaron las nada extraordinarias respuestas de Appleman: «Me sorprendió que con tan sólo 12.000 aficionados en el campo puedan estar por delante de equipos como Real Madrid y Barcelona». Una sorpresa normal. De andar por casa, vamos. Pero diseminada por todas las casas.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;Así que sorprendidos de que vinieran a sorprenderse de fuera hincó la rodilla el Levante sobre la hierba del Reyno de Navarra y ya parece que tenemos encima la Liga Del Nido. Echaremos de menos las tablas que abría el Levante, ese sueño suyo de honor y coraje.&lt;/p&gt;
&lt;p class="p"&gt;(&lt;em&gt;Publicado en &lt;a href="http://www.abc.es" title="ABC" target="_blank"&gt;ABC &lt;/a&gt;el 31/10/2011&lt;/em&gt;)&lt;/p&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://davidalvarez.cc/post/16836339547</link><guid>http://davidalvarez.cc/post/16836339547</guid><pubDate>Tue, 01 Nov 2011 22:56:00 +0100</pubDate><category>fútbol</category><category>Levante</category><dc:creator>davidalvarez</dc:creator></item></channel></rss>

