David Álvarez

Textos publicados por ahí que no quiero que se me pierdan

La broma española de los guiñoles

Resulta evidente que si algo demuestra el caso de las protestas gubernamentales, olímpicas y federativas por los guiñoles es la asombrosa ausencia de sentido del humor de los franceses. De otro modo no se entiende. Andan estos días enfurruñados por las simpáticas arremetidas de algunos ministros. Como si fuera en serio. Sin embargo, la no intervención de Gaspar Llamazares en el jaleo demuestra lo contrario sin resquicios para la duda.

España tiene en Llamazares a su mayor autoridad en esos delicados lugares en los que se arriman realidad y ficción, con experiencia demostrada en el manejo de dos de sus principales intersecciones: el humor (específicamente el de los guiñoles) y el retrato robot (acaso un subgénero de lo primero). Y desde su experiencia, esto de los guiñoles franceses lo ha dejado pasar. Aunque, como recordarán, no siempre fue así. Hubo un momento, hace casi ya diez años, en el que sí vio imprescindible su lamento público. Llegaron los guiñoles a España y a él no le hicieron muñeco, así que se quejó con insistencia hasta que se vio traducido a látex.

También encontró necesario ser contundente cuando el FBI utilizó su fotografía para componer un retrato robot de Bin Laden. Amenazó con una demanda por aquel uso de su imagen para construir otra realidad. La cosa, evidentemente, era grave: «No creo en las casualidades, y menos de los servicios secretos americanos», explicó.

Con estos antecedentes, resulta aún más extraña la incomodidad francesa por los comentarios de algunos ministros españoles. Ni siquiera pueden escudarse en el desconocimiento del experto Llamazares: «Le Figaro» le hizo hueco entonces en su portada al episodio del dibujante conspirador del FBI. Pero esta vez Llamazares se ha mantenido al margen, lo que únicamente puede indicar que los políticos españoles sólo están siguiéndole la broma a los guiñoles.

(Publicado en ABC el 13/2/2012)