El aliento de los segundos y la victoria
Pese a la apropiación que hace de sus palabras, esa colonización de un imaginario ajeno, hay algunas cosas decisivas en las que el deporte no se parece a la guerra. Pongamos, por ejemplo, esa imagen tan usada del esclavo que camina con la corona detrás del general romano que regresa a casa victorioso y le va susurrando «memento mori», eres mortal. En los circuitos, también por ejemplo, no sería Sebastian Vettel quien más necesitaría el estribillo, sino el resto.
Visto lo inalcanzable del Red Bull imaginado por Adrian Newey, el esclavo le podría resultar más útil a los otros. «Es mortal», debe de estar susurrándole ya a los demás pilotos, esa colección de frustrados de esta temporada. Quizá sólo así se explique que se animen a seguir persiguiéndole. Es tal vez también la razón que inflama las promesas de Ferrari de que el año que viene serán mejores. «Es mortal», parecen escuchar también los que siguen encendiendo el televisor para mirar las carreras, algunos incluso con despertador en domingo.
Siempre resulta cierto, aunque a ratos parezca lo contrario. Aunque Del Nido proclame que su equipo compite en «una Liga de mierda», enseguida comienzan a detectarse síntomas de que quedan restos de cierta mortalidad en el Madrid y el Barcelona.
De lo contrario, habríamos dejado de mirar el fútbol y la Fórmula 1, y no esperaríamos que Nadal, también derrotado ayer por Murray, volviera a ganarle a él y a Djokovic.
No se parecen tanto la guerra y el deporte pese al tráfico de palabras y a la inflamación de las imaginaciones. La guerra, en realidad, lo que busca es terminarse a través de sí misma. El ejército final, el que se quede solo, no renegará de su nueva condición de centinela. Sin embargo, ese Vettel tan contento de ayer en Japón no parece que fuera a contentarse con custodiar desde ahora las llaves de los circuitos.
(Publicado en ABC el 10/10/2011)