David Álvarez

Textos publicados por ahí que no quiero que se me pierdan

Los nuevos peregrinos del maratón

Los maratones como modernas peregrinaciones. En las listas de cosas que hacer antes del fin, los 42 kilómetros de Nueva York de ayer (o de Boston, Berlín…) ocupan la línea antes destinada al camino de Santiago. La búsqueda del extremo a lo largo de la ruta, en la fatiga. La emoción intensa, la euforia del corredor. Las pequeñas historias.

En 2009, Derartu Tulu, etíope, 37 años, madre de dos hijos, marchaba en el grupo de cabeza por Nueva York. Al cruzar el último puente y entrar en Manhattan, Paula Radcliffe, 35 años, un hijo, récord del mundo de la distancia, empezó a descolgarse por una tendinits. Tulu se giró: «Venga. Podemos hacerlo», le dijo. La británica aguantó un poco, pero enseguida volvió a rendirse. Tulu la esperó. Corrieron juntas un tramo, hasta que la etíope vio que Radcliffe no podría recuperarse. Entonces aceleró, alcanzó la cabeza, ganó la prueba, y después explicó: «La había batido en cross y en la pista, pero en el maratón ni siquiera había logrado correr con ella demasiada distancia. Ha sido una desilusión que no pudiera correr bien».

En 2010, Gebremariam, etíope, 26 años, corría también en cabeza en Nueva York, al lado de Gebrselassie, 37 años, la leyenda cuyas hazañas había estudiado en la escuela. La leyenda abandonó por una dolencia en la rodilla, pero antes de hacerse a un lado, le dijo al joven: «Tienes que moverte. Tienes que alcanzarlos [a los primeros]». Gebremariam terminó imponiéndose en Central Park.

Historias así también las cuentan los menos notables que viajan a correr siguiendo su lista de cosas pendientes. En eso los maratonianos son como los peregrinos. Y también en ese transcurrir de lo extraordinario por entre la vida. Los 42 kilómetros que atraviesan ciudades atolondradas. El camino de Santiago por minúsculos pueblos perplejos del sur de Europa.

(Publicado en ABC el 7/11/2011)